29. Inmortal
Un talento sin edad, sin moldear, puro. Cumplió su primera ley: nacer. El tiempo alimentó la segunda ley y el talento creció. Y no todos los talentos crecen; muchos duermen tan profundamente que mueren sin revelarse. Pero aquel talento excepcional sobrevivió. Y aún más: se reprodujo. Llegó a otros talentos dormidos y logró despertarlos, y a su vez estos despertaron a otros. Y, entonces, aquel talento primigenio incumplió la cuarta ley: morir. Aquel talento vivió en las obras de su depositario, burlando a la muerte y alcanzando la inmortalidad. Un talento, en definitiva, libre del tiempo. Un talento sin edad.
Javier García Iglesias
Electrónica Industrial, Electromecánica de Automoción y Docencia de AFD
A Coruña
COMPETENCIA PROFESIONAL ...
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