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Conclusiones
«Es una felicidad para nosotros –afirma un proverbio sueco– que no haya nada perfecto sobre la tierra». De no ser así la vida se volvería insípida, sin alicientes, sin proyectos, sin ilusiones. Le faltaría gracia. Las imperfecciones nos despiertan del letargo y nos proyectan inteligentemente hacia el futuro.
La búsqueda del equilibrio –personal y organizativo– tendente a corregir esas imperfecciones es una necesidad permanente por la que todos luchamos consciente o inconscientemente. Equilibrio es aquella postura en la que algo no cae ni a un lado ni a otro, se mantiene estable, firme, en posición erguida. Ni le sobra ni le falta. No peca ni por exceso ni por defecto, tiene la proporción justa.
El directivo equilibrado es aquel ...
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