PRÓLOGO
Para las personas ajenas al mundo del marketing es fácil confundir una marca con un producto. También he visto –y, en este caso, a más de una persona de nuestra profesión– confundir una marca con un nombre comercial. Son errores graves que conducen a decisiones de negocio equivocadas. En el peor de los casos, destruyen valor para las compañías y, en el mejor, hacen que la inversión en marketing sea tremendamente inefectiva.
La gente compra productos –zapatos, relojes, automóviles, teléfonos o bebidas–, pero el valor incremental –el precio adicional que todos nosotros estamos dispuestos a pagar por los beneficios emocionales– proviene de las marcas. Y ahí precisamente reside el gran valor del Marketing (con M mayúscula): en la capacidad ...
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